Tequila Doble B

Volcán Ceboruco
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TIERRA DE MEMORIA Y LEGADO

Este horizonte ha sido testigo de nuestra historia desde 1933. Caminar entre estas hileras es recorrer los pasos de quienes nos precedieron, entendiendo que la excelencia no se improvisa, se cultiva. En este valle de Nayarit, custodiado por el Ceboruco, la naturaleza y la tradición familiar pactaron una promesa: crear un tequila que honre la nobleza de su origen.

Jima y Terroir: El Carácter del Volcán

Todo inicia en las faldas del imponente Volcán Ceboruco. A diferencia de los suelos rojos tradicionales, nuestros agaves Weber Azul crecen nutriéndose de una tierra volcánica rica en minerales únicos de la región de Ahuacatlán. Aquí, los jimadores seleccionan a mano solo las piñas que han alcanzado su madurez plena tras 7 años de espera, rasurando las pencas con precisión para evitar amargores.

Horno

Cocción Lenta: El Respeto al Tiempo

Nuestras piñas se cuecen lentamente en hornos de mampostería, permitiendo que el vapor penetre suavemente en el corazón del agave. Este proceso paciente, que dura días y no horas, evita quemar las fibras y transforma los almidones complejos en azúcares fermentables ricos y melosos, tal como lo hubiera exigido Francisco Miramontes en 1933.

Fermentación: el Aliento de la Sierra

En nuestras tinas abiertas, la magia ocurre de forma espontánea. Permitimos que las levaduras autóctonas, presentes en el microclima de Ahuacatlán, colonicen el mosto. No añadimos acelerantes; dejamos que el entorno, la temperatura y la humedad de la sierra nayarita dicten el ritmo de la conversión del azúcar en alcohol.

Destilación: LA Esencia del Linaje

El mosto fermentado pasa por un doble proceso de destilación en alambiques de cobre. La primera destilación rompe la materia, y la segunda —la rectificación— pule el espíritu. Nuestros maestros destiladores cortan con rigor las cabezas y colas, conservando únicamente el “corazón” del destilado: la parte más pura, limpia y brillante.

Añejamiento

Añejamiento: Un Legado en Reposo

El tiempo es nuestro último ingrediente. El tequila descansa en barricas de roble blanco americano, respirando a través de la madera. En la quietud de nuestra bodega, el líquido adquiere sus tonos ámbar y notas de vainilla, especias y madera tostada. Cada botella es un testimonio de paciencia, esperando el momento justo para ser compartida.